Elogio a Melanie Klein

De la bibliografía propuesta para afinar el tema de las próximas jornadas CEREDA he escogido la cita de Melanie Klein que se encuentra en el Symposium sobre análisis infantil que tuvo lugar en 1927.
Este texto, impresionante, nos anima a proponer “un retorno a Melanie Klein”, apartando ciertos prejuicios que nos han alejado de su lectura. Se entiende el respeto que le prodigó Lacan frente a otras corrientes de la práctica que hacían peligrar la Causa Freudiana. En él Melanie Klein debate punto por punto, en un ejemplar despliegue dialéctico, no solo las críticas a su original modo de hacer en la práctica con niños por parte de Anna Freud, sino también el riesgo que comporta esta perspectiva, en la que el psicoanálisis claudica ante los ideales de la educación. No me parece que esta peligrosa tendencia pertenezca al pasado, al contrario, revela ser una tentación constante y no solo del análisis con niños, la de contrariar el principio de abstinencia freudiano, que advierte respecto a la pretensión de erigirse en guía, ideal o modelo de su analizante. Sin adentrarme en cada uno de los argumentos que dan lugar a unas respuestas rigurosas y esclarecedoras, tomaré un punto de este debate, por su valor clínico y ético.
Rescata Melanie Klein del texto de Anna Freud un ejemplo de su clínica con el que pretende ilustrar la necesidad de intervención educacional por parte del analista, no sin aclarar que, si “sus objeciones a sus proposiciones teóricas son válidas, deberán soportar la prueba de un ejemplo práctico.”
Se trata de una niña de seis años que sufría de neurosis obsesiva. Antes del “tratamiento manifestaba inhibiciones y síntomas obsesivos se tornó en ese momento desobediente y falta de límites.” Anna Freud infirió que se debía a un error por su parte, y que debía haber intervenido en el rol de educadora, estimando que había confiado demasiado en la fuerza del Ideal del yo, a juzgar por la “gratificación de sus impulsos anales una vez libres de la represión” que tuvo lugar fuera del análisis. Según A. Freud, su error derivaba de la falta de apreciación de un superyó que, “insuficientemente establecido, necesitaba una influencia educativa temporaria por parte del analista”, incapaz la niña de controlar sus impulsos sin su ayuda.
Melanie Klein aporta entonces un ejemplo de su práctica y que presenta como una grave neurosis obsesiva. No es un dato menor el que encontramos en una nota a pie de página: la aclaración de que, en realidad, esta presentación enmascaraba una paranoia.
Erna, su paciente, mostraba una conducta intolerable, tendencias asociales en sus relaciones, sufría de insomnio, excesivo onanismo obsesivo, inhibición en el aprendizaje, profundas depresiones, ideas obsesivas y varios síntomas graves. El tratamiento de dos años dio por resultado la curación, habida cuenta de su inclusión en un colegio para niños “normales”, donde está “enfrentando allí el problema de la vida.”
Melanie Klein aporta más datos: la niña sufría de inhibiciones excesivas y profundos remordimientos, su carácter viraba de “ángel a demonio” y el análisis liberó “enormes cantidades de afecto como impulsos sádicos anales.” En el curso de las sesiones tenían lugar “extraordinarias descargas”: profusas rabietas, ensuciaba y destrozaba juguetes, manchaba… encontrando en ello una liberación de sus inhibiciones y “un notable placer en esta conducta a menudo salvaje.”
Y en este punto del texto encontramos la objeción a su propia interpretación que considera sesgada: “no se trataba simplemente de un caso de gratificación desinhibida de sus fijaciones anales, “otros factores jugaban un rol decisivo.” Lo que se encontraba debajo de “su falta de freno era angustia y también, necesidad de castigo que la impelía a repetir su comportamiento.” Al constatar que la liberación de los impulsos sádico-anales ocasionada por el análisis condicionaba en Erna una inclinación temporaria a su descarga y gratificación fuera del análisis, Klein llegó, según sus palabras, a la misma conclusión que Anna Freud: que el analista debía haberse equivocado.
Solo que, a diferencia de su colega, no llegó a inferir las razones de su error por el lado educacional, sino que las localizó en el estricto terreno del análisis. En concreto, en una insuficiente consideración de las resistencias y de la transferencia negativa, causados por el odio y la culpa.
Este texto constituye una gran aportación respecto a la dimensión clínica de la angustia en la práctica con niños porque, entre otros aspectos, incita a la consideración de la incidencia del superyó que Melanie Klein considera “firmemente arraigado en el niño, cuya naturaleza es inmutable” y al que Lacan asimila a la ley del lenguaje en tanto “ley insensata” en el caso ¡El lobo El lobo! Es decir, nos advierte de su carácter estructural en el parlêtre, más allá de los tipos clínicos.

Melanie Klein: Simposium sobre análisis infantil, En Contribuciones al psicoanálisis. Editorial Paidós. (Buenos Aires.1964.p137-163).

Vilma Coccoz.