Novedades sobre el cuarto mandamiento

Publicado en la séptima edición del newsletter del congreso europeo Pipol.

No es la madre del que es llamado hijo, la engendradora, pues solo es la nodriza del germen que es sembrado en ella: engendra aquél que la fecunda, y ella, como una extraña, para un extraño guarda el brote, si un dios no lo malogra para ellos.
Esquilo

En estas bellas palabras del dramaturgo griego encontramos un eco del marco en que la biología lacaniana elaborada por Jacques-Alain Miller hace posible leer los distintos signos del malogro ineludible ocasionado por los dioses – nombres de lo real según Lacan-, que acecha en la venida al mundo de los seres hablantes.

Producto de un extraño y de una extraña, el brote, surgido en lo real de un encuentro sexual, de la adopción o de la reproducción asistida, no es su origen el que le hará singular, sino el lugar[1] que llegará a ocupar en la trama de los lazos tejidos entre quienes le esperan y le nombran.

Siguiendo a Daniel Roy[2] ese lugar se va enhebrando con el hilo del deseo y, por tanto, en el reino del malentendido de las lenguas que hablan -y cuyas raíces anidan en el goce de los cuerpos- tal y como se puede captar en los “balbuceos de los ascendentes”. Allí es donde su presencia se hará sentir como marca de la unión y, a la vez, como espacio de separación entre aquellos que portan los significantes parentales. En esa zona opaca el psicoanálisis permite explorar aquello que ni el nominalismo ni el utilitarismo[3] propios de nuestra época consiguen atrapar con su empuje a la igualdad.

La familia demuestra ser un primer tratamiento de lo real, de la criatura como un objeto a, y supone tomar en cuenta que ya nada es seguro en ese territorio, la conmoción acaecida en el orden de la sexuación, la reproducción y la filiación[4] requiere una perspectiva realista que impida la deriva, tan perniciosa como habitual, hacia un “familiarismo delirante”, según la acertada expresión de Eric Laurent.

De ahí la importancia que adquiere, a la hora de atender las crisis familiares, los disfuncionamientos, incluso el maltrato y la violencia, operar desde el nuevo lazo social que ofrece el discurso analítico, donde el tratamiento de lo familiar (Heimlich) no excluye ni desconoce lo siniestro (Umheimlich) tal y como nos lo enseñó Freud.

Lo social, dice Miller, no es el intercambio, ni la cooperación, ni la complementariedad, sino la articulación de lugares a partir de su diferenciación.[5]  Así, el objeto a se revela en su función operativa y torna posible intervenir para aliviar de su peso en lo real.

Como ocurrió en el caso de Elena, una niña de cuatro años, donde fue preciso diseñar una estrategia familiar a partir de la demanda de la abuela materna (amama en euskera, que redobla ama, mamá). Hemos logrado preservar su función simbólica y de este modo proteger la inclusión de la niña en el lazo escolar y comunitario, allí donde sus padres manifiestan estar claramente excluidos. Con esta operación fue posible atemperar los imperativos de igualdad relativos a la pernocta con los progenitores que recomiendan las resoluciones judiciales, basadas en los informes psicosociales, en general carentes de una orientación clínica, y en la valoración sesgada de abogados “expertos en violencia familiar y de género.” La práctica lacaniana con familias en el ámbito de la consulta, de las instituciones, o en el marco de un dispositivo específico como el CPCT parents[6], demuestra ser un vector de la acción lacaniana, tan novedoso como eficaz en la elaboración de soluciones que alivien del desamparo y la exclusión de aquellos para quienes su existencia peligra debido a su insoportable extrañeza, reactiva a los ideales comportamentales


[1] “Al principio no está el origen, sino el lugar.” J.Lacan. Mi enseñanza. Paidós. Buenos Aires. 2008.p.14

[2] D. Roy, Orientations, En Enfants terribles et parents exaspérés. Navarin. Paris. 2023 p.14-15

[3] E. Laurent, Intervención en el curso de Miller Piezas sueltas. Paidós. Buenos Aires.2013. p. 364

[4] F. Ansermet, Prédire l’enfant. PUF. París. 2019. p.12   Lo ilustra la proclama de P. Gallofré: “Soy un hombre y estoy embarazado”www La vanguardia.com

[5] J.A.Miller, Un esfuerzo de poesía. Paidós. Buenos Aires.2016. p.163

[6] M Perrin Chérel, Être parents au 21 siècle. Ed. Michèle. París. 2017 p.17