De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis[1]

La enseñanza de Lacan nos descubrió la obra de Freud, hasta entonces distorsionada por las interpretaciones sesgadas y erróneas. Su clave: «la disciplina del comentario», destinada a extraer los relámpagos de la letra hasta alcanzar su sabiduría y lograr avanzar en el desciframiento de los enigmas de la subjetividad. En este caso se trata del comentario de una parte sustancial del texto de Lacan en el que resuelve la causa de las psicosis.

Hacia un posible diálogo entre el psicoanálisis y el feminismo*

Para Marx estaba claro que en el combate libertario hombres y mujeres debían unir sus fuerzas a fin de alcanzar los pretendidos cambios de la sociedad en los distintos órdenes, desde la economía a la cultura, incidiendo por tanto en las relaciones familiares y entre los sexos (…) Otro tanto sucede con algunos planteamientos respecto al discurso de Freud, a quien se ha llegado a acusar de sexista subrayando ciertos enunciados sacados de contexto y eximiéndose entonces sus portavoces de llevar a cabo una lectura de esta obra esencial. 

La inserción social del psicoanálisis

La sesión analítica. Así denominamos, desde Freud, al singular encuentro entre analizante y analista, cuya frecuencia y duración ha variado entre su época y la nuestra pero que, esencialmente, responde a la “situación analítica”. La sesión, entendida como fenómeno, como algo que ocurre en la vida, en presencia real de dos cuerpos, se estructura en base a los principios éticos del psicoanálisis.