En el principio era el verbo
Sí, para cada uno de nosotros, seres hablantes, al principio de nuestros días, el verbo estaba ahí…y era del Otro. A cada uno de nosotros, seres hablantes, nos fue instilado el lenguaje, gota a gota, por nuestros próximos. Es bien sabida la importancia que tiene para nuestra subjetividad que los otros, nuestros próximos, sean reconocibles, que en aquellos que nos arrojaron al mundo podamos suponer un deseo no anónimo, un deseo de participar en nuestro comienzo que tenga nombre, y apellido.








