Cuando el hábito hace al monje
El modo de habitar los semblantes sexuales revela el estilo singular en que cada uno aporta su interpretación al enigma de la sexualidad, a sabiendas de la distancia ineliminable entre lo que se dice, lo que se da a ver y su recepción, imposible de calibrar. En este campo, el hábito no hace el monje: ni la mascarada femenina ni el porte viril llegan a decir la última palabra ni a revelar sus íntimos secretos, opacos para los propios sujetos. Allí las apariencias engañan.








